No soy un deportista de élite pero...
Como todos sabéis el domingo pasado tenía mi primera prueba de este año 2014, el primer reto en esta serie de competiciones conmigo mismo que iré tratando de superar. El reto consistía, como ya os explique, en finalizar un Duatlón Cross (5km corriendo, 20 en bicicleta de montaña y otros 2,5km corriendo) en un tiempo inferior a 1 hora 30 minutos.
Como todos sabéis el domingo pasado tenía mi primera prueba de este año 2014, el primer reto en esta serie de competiciones conmigo mismo que iré tratando de superar. El reto consistía, como ya os explique, en finalizar un Duatlón Cross (5km corriendo, 20 en bicicleta de montaña y otros 2,5km corriendo) en un tiempo inferior a 1 hora 30 minutos.
Pues bien, he de decir que no las tenía yo todas conmigo cuando el domingo sonaba el despertador a las 8 de la mañana, tras haberme acostado a las 3 celebrando el cumpleaños de una amiga. No estaba yo convencido que dormir 5 horas fuese un buen descanso para tratar de llevar el cuerpo al 100% durante hora y media.
Como no estoy acostumbrado a competiciones ni semejantes, me tomé la mañana como un día normal, desayuno, preparación de las cosas y para Illescas. La verdad es que el día, gris, con niebla y temperaturas bajas, animaba a cualquier cosa menos a salir a la calle, y mucho menos a practicar deporte, pero a pesar de eso, una sensación de impaciencia me comía por dentro y estaba deseando encontrarme en la linea de salida.
Así que sin demorarme ni un minuto más, y ya habiendo bajado la bici del coche, recogí mi dorsal, coloqué mis cosas en la zona de transición y me puse a calentar con tan solo 10 minutos de tiempo antes del inicio de la prueba. El calentamiento muy sencillo, más o menos el que suelo hacer para fútbol, un poco de carrera suave para desentumecer músculos, progresiones, estiramientos y poco más. De esta forma, cuando me quise dar cuenta, ya estaba esperando la cuenta atrás en linea de salida para empezar a correr.
Comenzaba mi particular reto, con una idea clara en la cabeza, llegar con el cronómetro marcando un tiempo inferior a 1:30:00. El inicio de la carrera, aun tratándose de una prueba de menos de 300 participantes, fue un poco agobiante, la gente sale corriendo muy rápido, o al menos eso me parecía a mi, y hasta pasados unos minutos no se dispersó un poco el tumulto inicial. Fruto de mi falta de previsión de tiempo y de los nervios, se me olvidó echar un reloj para ir controlando el tiempo en la prueba, así que comencé a correr sin saber el ritmo al que iba ni la distancia que llevaba. En mi cabeza rondaba la idea de que debería llevar unos 2 kilómetros ya, cuando de repente me encontré con un cartel de la organización que marcaba el primer kilómetro, ¡Qué bien! si estoy reventado!. Así que me centre en parcializar objetivos y me propuse mantener el ritmo que llevaba hasta el kilómetro 2, luego hasta el 3, y así sucesivamente...
Como los kilómetros se me hacían algo largos, me iba fijando pequeños retos del tipo "voy a mantener el ritmo de este que me acaba de adelantar", o "voy a tratar de coger a este otro que va delante", y así conseguí finalizar los 5 primeros kilómetros y llegar a la zona de transición. Cambio de zapatillas, casco, gafas y a rodar con la bici.
Al contrario que corriendo, en la bici si había dejado puesto el GPS, de esta forma iba plenamente informado de mis tiempos. La verdad es que igual que la sensación corriendo era de que todos eran superiores a mi, en la bicicleta era todo lo contrario, no paraba de adelantar a gente y me encontraba de maravilla, rodando a una media de 26 km/h.
Pero todo lo bueno se acaba, y los adelantamientos y el disfrute rodando fuerte tocaron su fín para comenzar a arrastrarme a pié durante 2,5 kilómetros. En el primero de ellos me dolía todo, los cuadriceps, biceps femoral, se me subían los gemelos... pero parece que pasado ese primer momento el cuerpo se adaptó y el resto fue más llevadero, aunque como era de esperar, sufrí varias adelantamientos de competidores que previamente había pasado yo con la bici.
La prueba llegaba a su fin y yo no sabía que tiempo llevaba, no sabía si iba muy bien o muy mal, y aquí viene el mejor momento del día. El final de la prueba se hacía en un campo de fútbol, y ahí me encontraba yo, a escasos metros de la entrada principal al campo, escuchando los gritos de ánimo del público allí presente y sobre todo de mi novia y mi colega David, que estuvieron aguantando la hora y media de prueba muertos de frío y haciéndome fotos. En ese momento no sientes agotamiento, no te duelen las piernas, esprintas como si la prueba hubiese comenzado ahí, y así, esprintando, accedí al campo de fútbol donde se encontraba la meta y el panel de tiempo. 1:21:25, "no puede ser, si Sobri que es una máquina corriendo hizo 1:27, y David Benito 1:25", lo vuelvo a mirar, y sí, sigue, 1:21. En este momento se te dibuja una sonrisa en la cara, mitad incredulidad, mitad felicidad absoluta y abres los brazos en gesto de victoria. Desde luego, por esta sensación MERECE LA PENA SUFRIR.
Es curioso la fuerza, la intensidad, que tiene la sensación de satisfacción personal. Da igual lo que hayas sufrido, el dolor muscular que hayas tenido, el frío, el malestar o la incomodidad de la tensión, cuando finalizas, la satisfacción de haberlo logrado aplasta cualquier otra sensación anterior y por tu cabeza solo pasa un pensamiento: "¿Cual será el próximo reto?".
Y en eso estamos, y en cuanto lo tenga decidido, los que leéis mis historietas en este blog seréis los primeros en saberlo.
La prueba llegaba a su fin y yo no sabía que tiempo llevaba, no sabía si iba muy bien o muy mal, y aquí viene el mejor momento del día. El final de la prueba se hacía en un campo de fútbol, y ahí me encontraba yo, a escasos metros de la entrada principal al campo, escuchando los gritos de ánimo del público allí presente y sobre todo de mi novia y mi colega David, que estuvieron aguantando la hora y media de prueba muertos de frío y haciéndome fotos. En ese momento no sientes agotamiento, no te duelen las piernas, esprintas como si la prueba hubiese comenzado ahí, y así, esprintando, accedí al campo de fútbol donde se encontraba la meta y el panel de tiempo. 1:21:25, "no puede ser, si Sobri que es una máquina corriendo hizo 1:27, y David Benito 1:25", lo vuelvo a mirar, y sí, sigue, 1:21. En este momento se te dibuja una sonrisa en la cara, mitad incredulidad, mitad felicidad absoluta y abres los brazos en gesto de victoria. Desde luego, por esta sensación MERECE LA PENA SUFRIR.
Es curioso la fuerza, la intensidad, que tiene la sensación de satisfacción personal. Da igual lo que hayas sufrido, el dolor muscular que hayas tenido, el frío, el malestar o la incomodidad de la tensión, cuando finalizas, la satisfacción de haberlo logrado aplasta cualquier otra sensación anterior y por tu cabeza solo pasa un pensamiento: "¿Cual será el próximo reto?".
Y en eso estamos, y en cuanto lo tenga decidido, los que leéis mis historietas en este blog seréis los primeros en saberlo.




Muy buen post y muy buena expriencia maquina! Un abrazo
ResponderEliminarGracias Don Alejandro!!
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